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"- Velahí ven Andreia!" Así me llamaba mi abuelo cuando era pequeña. Soy gallega de nacimiento y de corazón. Llevo la magia de mi tierra en el ADN, pero mi camino hacia el tarot no fue algo que buscase; fue algo que me encontró a mí.
Dicen que los grandes cambios vienen tras grandes tormentas. En mi caso, fue en mi más tierna niñez. Un brote de meningitis me puso al borde de la muerte, desahuciada por los médicos. Pero mientras mi cuerpo luchaba, algo en mí despertó.
Al salir a flote, me di cuenta de que no había vuelto sola. Percibía cosas que no sabía nombrar, sentía lo que otros callaban. Sin saberlo, se había abierto un canal.
No tardé en comprender que esto no era casualidad, sino herencia genética. Mi casa siempre fue un ir y venir de gente que buscaba a mi bisabuela. Venían de toda Galicia y España porque ella "veía más allá". Ella tenía el Don.
Crecí rodeada de esa atmósfera, entre vecinas sabias que curaban con plantas, oraciones y ciclos lunares; mujeres que, sin saber leer ni escribir, conocían los secretos de la naturaleza. De ellas aprendí que la magia es, ante todo, servicio y ayuda.
No te voy a mentir: crecer con hipersensibilidad no fue un camino de rosas. Hubo momentos en mi adolescencia donde la línea entre lo "espiritual" y lo "cotidiano" se desdibujaba tanto que tuve que pedir ayuda para "cerrar el canal". Necesitaba pisar tierra.
Con los años, entendí que no debía cerrar esa puerta, sino aprender a gestionarla. Aprendí a canalizar esa información a través de las cartas del tarot.
Hoy, ya no me asusta lo que veo. Utilizo esa intuición innata junto con diferentes mancias (Rider Waite, Baraja Española, Tarot de Marsella) para traducir los mensajes que el universo tiene para ti.
Mi forma de leer el tarot no es para decirte qué va a pasar y que te quedes esperando sentado. Es Tarot Evolutivo. A veces la información me llega de golpe —nombres, detalles, sucesos— y otras veces son las cartas las que hablan. Pero siempre trabajo bajo tres premisas:
Honestidad: Te diré lo que necesitas saber para avanzar, no lo que regale tus oídos.
Utilidad: Mi misión es que salgas de la consulta con herramientas para tomar decisiones.
Amor: Entiendo tu vulnerabilidad porque yo he estado ahí. Te acompañaré sin juicio.
Mi mayor alegría es ver cómo recuperas la calma y encuentras ese camino que estaba escondido.